Morir de frío o de hambre

Ese es el dilema al que cientos de miles de españoles se enfrentan cada invierno. Podría decir que es penoso, bochornoso, falto de sensibilidad, inhumano, despiadado…y podría seguir hasta el infinito, porque la subida de la luz ya no es que sea una constante en nuestras vidas en los últimos años, es que nos hace cuestionarnos si alguien ahí arriba, donde se supone que están esos políticos de siempre unidos a otros nuevos que en poco tiempo parecen haber aprendido su ejemplo, de verdad piensa en la gente de a pie.

Todavía recuerdo que hace 5 años llegó al programa de televisión en el que yo trabajaba en ese momento una denuncia de una pobre mujer cuya factura de la luz ascendía a 300 euros y aseguraba que no había consumido apenas electricidad. Nos echamos las manos a la cabeza porque la cifra era objetivamente inadmisible. Lo que no nos imaginábamos es que ése era el precio que íbamos a pagar todos unos años después.

 

Nos cuenta el ministro de industria, Álvaro Nadal, que el incremento producido en plena ola de frío se debe a la subida del precio del petróleo, a que Francia nos compra energía barata y al viento, la nieve y el aumento de la demanda. No dice nada del IVA y el Impuesto de electricidad, que asciende al 25% de la factura, ni tampoco habla de la deuda con las eléctricas de 23.067 millones de euros, que al parecer contrajimos y que nos obligaba a ir pagándola en los siguientes 25 años.

 

¿Por qué si la meteorología permite que se produzcan muchos tomates el agricultor gana menos dinero y debe bajar los precios y en el caso de la luz es al revés? Hay sesudos profesionales relacionados con el sector que lo explican concienzudamente, pero mi cabeza tal vez un poco simple y espesa no acaba de entenderlo. Tampoco recuerdo yo haber dejado de pagar ni un solo recibo como para que me digan que tengo una deuda con el sector. Como somos ignorantes completos, nos explican como a tontitos que no entendemos la factura, que es culpa del déficit de tarifa, es decir, la diferencia entre lo que nos cobran a los consumidores en la factura de la luz y lo que se paga a las empresas que generan esa electricidad y la transportan. Es decir, que hemos abonado menos de lo que costaba. Claro que en los tres últimos años se ha reducido ese déficit en 5.704 millones de euros, por el superávit obtenido por las compañías, pero aun así deberemos seguir pagándolo otros 12 años.

 

En definitiva: vamos a desembolsar, según el ministro con apellido de tenista, unos 100 euros más de luz que en el año pasado, cuando la electricidad ya había subido un 11% con respecto a 2015. El pago de la hipoteca comparte con el de la luz el privilegio de asfixiar a los españoles. Y permítanme que lo exprese con una palabra que últimamente parece un tanto prostituida por la frecuencia con la que se utiliza: INDIGNANTE.

 

Indignante es que una familia tenga que elegir entre calentarse en plena ola de frío o comer, a ser posible con cocina de butano; indignante es que los ciudadanos noruegos o suecos paguen la misma cantidad por la luz de una vivienda unifamiliar de 300 metros cuadrados que una familia media española por un piso de 75 m2; indignante es que seamos uno de los países europeos con la tarifa eléctrica más cara y, sobre todo, indignante es que los políticos, todos, no se subleven ante tal atropello a la población en general. Y no digo que no haya críticas al respecto: ¡Cómo van a evitar nuestros mandatarios la posibilidad de aprovechar políticamente este incremento en la tarifa!; me refiero a unirse y plantarse ante tal estrangulamiento de las clases menos pudientes.

 

Llevamos años oyendo hablar de puertas giratorias que conducen a nuestros gobernantes a empresas privadas como las eléctricas, sin ningún conocimiento sobre el tema, únicamente para saldar la deuda contraída por estas compañías durante el mandato del político de turno, pero no he visto ningún movimiento efectivo contra el tema, más que críticas banales.

 

Entiendo que los partidos de izquierdas, más propensos a luchar contra las desigualdades sociales, estén sumidos en su caos particular y en egos cruzados que les impiden fijar su atención en la ciudadanía, pero es que hasta que no lo hagan no van a recuperar el apoyo que en otros momentos recibieron.

 

¿Por qué no se nacionaliza un bien de primera necesidad como la electricidad? O más bien, la pregunta sería: ¿Por qué se privatizó? Es obvio que no fue por el interés particular de los españoles teniendo en cuenta lo que está acarreándonos…Entonces: ¿Quiénes se han beneficiado? Parece que todos lo tenemos preclaro, pero a los consumidores se nos van acabando los recursos y no hay nadie que nos lidere, que sintamos que represente nuestros intereses. Es como si nos hubiéramos quedado huérfanos y sin medios para salir adelante.

 

En otros países en los que los políticos tienen más en cuenta a la población, seguramente algo así provocaría una revuelta que paralizaría cualquier decisión al respecto. No me vale eso de que se trata de empresas privadas porque no hablamos de un bien de lujo sino de uno de primera necesidad; si no que se lo digan a las familias de las decenas de personas que fallecen al año por este motivo.

 

Y de tan indignado que estoy, siento que la palabra se queda corta y que se transforma en furia mezclada con una frustración que sólo me permite gritar: ¡Basta ya! ¡Dejen de abusar de nosotros!

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